Todo lo que parecía estar lleno se quedó vacío, el color
desapareció y las nubes volvieron a cubrir todo el cielo.
Las gotas caían, mojando todo a su paso. Normalmente, la
gente sólo la ve cuando cae por su rostro, húmeda, salada y amargamente triste.
No quieren ver lo que hay, sólo lo que quieren.
Duele pasar por todo en soledad, duele mirar y sonreír
cuando quieres correr y gritar, quieres golpear y arañar, y no sentir ese dolor
que apresa cada parte de tu corazón, cada parte de tu mente, de tal forma, que lo único que deseas es
dormir y soñar que todo ha desaparecido sin más. Cuando por fin las manos te sangran y no ves más que una borrosa
imagen, sólo entonces, las fuerzas parecen abandonarte, parece que no tiene
sentido ni la mitad de lo que has sentido y todo tu cuerpo cae, porque tu mente
hace tiempo que se rompió, al no poder soportar todo el peso de la realidad, y
sólo entonces, duermes y sueñas.
En el sueño la realidad se deforma, como una comedia
cruel y dolorosa, entonces sabes que ya no existen más sueños para ti y que a
este ritmo nunca los habrá.
Los días pasan y las cosas van a peor lo que antes parecía
normal y rutinario, ahora es como una puñalada.
Y rezas, a no sabes qué, porque un día todo vuelva a ser
como era y todo se quede en “pudo pero no fue”.
Foto tomada en Edimburgo

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